Puntuación
Reseña editorial
En 2010, el black metal mexicano vivía un momento de afirmación identitaria. Hacavitz llegaba a Metztli Obscura con dos décadas de trayectoria ya acumuladas, posicionándose como referentes del extremismo local en un contexto donde la segunda ola del género comenzaba a reinterpretarse desde perspectivas no europeas. El sello Embrace My Funeral Records apostó por una propuesta que se negaba a seguir las métricas del blastbeat hipnótico: la banda guatemalteca-mexicana ya había establecido su marca distintiva en cómo el caos rítmico podía convivir con la intención compositiva, algo que este álbum llevaría a sus consecuencias naturales.
Metztli Obscura se sostiene sobre guitarras afinadas en los territorios más graves del instrumento, trabajadas con tremolo pick que rechaza la idea de la claridad sino la erosión del sonido. Lo que verdaderamente separa a Hacavitz es su batería: patrones irregulares que sabotean la métrica convencional, fills que avanzan contracorriente del flujo principal. No hay automatismo aquí. La producción respeta esta intención sin pulirla excesivamente, permitiendo que la textura áspera del black metal se mantenga como parte del mensaje.
Hoy, Metztli Obscura permanece como documento de una banda que nunca buscó conformidad. Obras posteriores mantendrían esa tensión entre control e impredecibilidad que define estos surcos. Para quien busque black metal fuera de los patrones nórdicos establecidos, este álbum sigue siendo un punto de entrada legítimo.