Puntuación
Reseña editorial
Sigh lleva desde 1990 construyendo un catálogo de metal extremo donde la experimentación japonesa dialoga con el black metal sin genuflexiones. In Somniphobia (2012, Candlelight Records) representa un punto de inflexión respecto a trabajos anteriores: mientras que álbumes como Shiki se despliegan en atmósferas dilatadas y gelatinosas, aquí la rabia se comprime en composiciones ajustadas donde el sintetizador no crea textura ambiental sino que abrasa desde adentro. La economía compositiva es el arma: Sigh renuncia a los excesos ornamentales para concentrar devastación en formato compacto. La producción mantiene claridad en cada elemento —bajos oscuros, voces desgarradas, teclados que cortan como vidrio— sin sacrificar la crudeza que exige el género. Este es un disco donde la contención amplifica el impacto, donde menos espacio significa más intensidad por centímetro cuadrado.
En el contexto del metal extremo de principios de los 2010, In Somniphobia dialoga con proyectos similares en síntesis y agresión: el black metal sintetizado de bandas como Abigail o la experimentación controlada de Teitanblood. La aportación de Sigh radica en que no trata los sintetizadores como adorno sino como instrumento de asalto, integrándolos al flujo de la composición sin estridencia ni anacronismo. Lo que no logra es la trascendencia: el disco funciona como máquina de guerra efectiva pero no abre grietas nuevas en el género. Está dirigido a quien busque black metal sin purismo, con sinergia electrónica pero sin perder la brutalidad de raíz.