He de reconocer que tenía una cuenta pendiente con el CastellHell, por una cosa o por otra no había podido asistir en ninguna de las anteriores ediciones. Pero ya está, cuenta saldada, por fín hemos podido disfrutar de esta 9ª edición que se ha llevado a cabo entre el 9 y el 10 de octubre en Castellvell y vamos a intentar trasladaros lo mejor posible esta buenísima experiencia.
Hacia las 18:30h llegamos y conseguimos aparcar cerca, así que fue entrar y empezar el festival.
Primer asalto: Del sludge más denso al death metal más despiadado
Herschell: Juventud, sludge y buenas maneras para abrir el infierno
Los encargados de abrir el CastellHell 2026 fueron Herschell, formación de Castellvell del Camp que se mueve entre el sludge, el rock progresivo y ciertas influencias del grunge, con ecos de bandas como Melvins.

A pesar de su juventud, los músicos salieron al escenario con una seguridad más que destacable, defendiendo su repertorio con soltura y dejando una impresión francamente positiva. Lástima que, a esas primeras horas, el público todavía llegaba con cuentagotas y el espacio frente al escenario presentaba un aspecto algo desangelado.
Herschell supieron aprovechar la oportunidad, se les vio cómodos, concentrados y, sobre todo, disfrutando de lo que estaban haciendo. Un concierto más que interesante que dejó buenas sensaciones para dar el pistoletazo de salida a esta edición del CastellHell.
Aimless: El pit despierta a golpe de nu-core
El relevo lo tomaron Aimless, formación barcelonesa que apuesta por el nu-core, combinando la contundencia del nu-metal con la agresividad del beatdown y ciertos elementos electrónicos. Tras un periodo de inactividad, la banda ha regresado con nuevo material y muchas ganas de recuperar su sitio en los escenarios.
Y desde luego, no tardaron en hacerse notar. Aimless ofrecieron una actuación realmente furiosa que no tardó en contagiarse entre los asistentes. Una banda con carisma, presencia escénica y esa capacidad para conectar con el público que resulta fundamental cuando lo que se pretende es que nadie se quede quieto.

Si con Herschell el ambiente todavía estaba algo frío, Aimless se encargaron de subir la temperatura unos cuantos grados. El personal comenzó a animarse y el pit no tardó en cobrar vida, con buenas muestras de hardcore dancing como respuesta a los breakdowns que Aimless nos brindaban, patadas giratorias con mucho estilo, molinillos a todo trapo...la gente se lo estaba pasando de puta madre. Un concierto intenso, enérgico y con mucha actitud, que terminó de poner en marcha una jornada que apenas acababa de empezar.
Bocc: Cuando el death doom pesa más que el hormigón
Después del ajetreo provocado por Aimless, llegaba el turno de Bocc, y con ellos un cambio de registro bastante considerable. De los saltos, las patadas voladoras y los brazos repartiendo golpes al aire pasamos a un terreno mucho más denso, oscuro y opresivo. Tocaba darle un respiro al cuerpo, aunque no precisamente al cuello.
Formados en Barcelona en 2019, Bocc son un trío que combina death metal, doom y sludge, con ese poso áspero y sucio del crust que impregna buena parte de su propuesta. Una mezcla que, lejos de buscar la velocidad por la velocidad, apuesta por el peso de los riffs, las cadencias arrastradas y una contundencia que se impone sin necesidad de acelerar constantemente.

Su actuación supuso un oportuno contraste con lo vivido minutos antes. Aquí la intensidad se medía de otra manera: menos agitación en el pit y más cabezas siguiendo el ritmo de unas guitarras pesadas y machaconas. Un death doom de los que parecen avanzar a martillazos, con una densidad que va calando poco a poco y que invita a dejarse llevar por ese machaque casi hipnótico.
Bocc aportaron así una cara diferente al primer asalto del CastellHell, demostrando que para mantener la contundencia de una jornada de metal extremo no hace falta tener al personal saltando continuamente. A veces basta con bajar las revoluciones, aumentar el peso y dejar que los riffs hagan el resto.
Embrace Your Punishment: Brutalidad francesa al servicio del CastellHell
Y para volver a las andadas, los siguientes en liarla fueron Embrace Your Punishment, llegados desde Valenciennes, Francia, con una propuesta que combina la brutalidad del brutal death metal con la contundencia del hardcore. Una formación curtida en los escenarios desde 2009, con un sonido que alterna ráfagas de blast beats con grooves pesados y demoledores, y que llegaba al CastellHell con su álbum Made of Stone bajo el brazo.
El pit volvió a echar chispas y la actividad frente al escenario recuperó toda su intensidad. Lo de Embrace Your Punishment fue una actuación brutal, tremendamente enérgica y una contundencia que apenas dejaba margen para recuperar el aliento.

La banda demostró tener muy claro cómo trasladar su música al directo, combinando velocidad y pesadez con una actitud arrolladora. Una de esas actuaciones en las que la energía que desprenden los músicos encuentra una respuesta inmediata entre el público, que volvió a entregarse al movimiento y al descontrol del pit.
Galvanizer: Death metal finlandés con sabor a vieja escuela
Y de nuevo tocaba cambiar de tercio. Después de la descarga de Embrace Your Punishment, llegaba el turno de Galvanizer, y con ellos nos adentrábamos en los terrenos del death metal más crudo, primitivo y fiel a las raíces del género. Desde Lahti, Finlandia, estos auténticos devotos de la vieja escuela venían dispuestos a demostrar que, cuando las cosas se hacen bien, pasa lo que pasa, y ¿qué pasa? pues que arrasas.
Grandísimo concierto el de los finlandeses, que nos regalaron una buena ración de death metal old school, aplastante y con ese irresistible aroma a putrefacción que tanto nos gusta a quienes llevamos años disfrutando de estas sonoridades. Por momentos me recordaron a los Carcass de su etapa más cruda, con pinceladas de la contundencia de Vomitory y esa pesadez enfermiza tan característica de Autopsy. Todo ello pasado por el particular filtro de Galvanizer, que saben combinar las embestidas más frenéticas con riffs densos, viscosos y tremendamente adictivos.

Galvanizer firmaron uno de esos conciertos que te recuerdan por qué te enamoraste de este género. Puro death metal: aplastante, viscoso, sabroso y sin concesiones. Personalmente, uno de los mejores momentos de esta primera jornada del CastellHell.
Dead Congregation: La última descarga antes del descanso de los condenados
Y para poner el punto final a esta primera jornada del CastellHell 2026, nada mejor que Dead Congregation. Los griegos, llegados desde Atenas, tenían la responsabilidad de cerrar una noche que ya nos había dejado unas cuantas alegrías, y lo hicieron con una demostración de autoridad de las que dejan huella. Death metal en su expresión más oscura, violenta y despiadada, ejecutado por una formación a la que le sobran las tablas y que sabe perfectamente cómo imponer su ley sobre un escenario.
Lo suyo fue una auténtica exhibición de poder, con una sucesión de riffs retorcidos, cambios de ritmo constantes y aceleraciones que parecían no tener fin. Dead Congregation manejan como pocos esa combinación de velocidad desbocada y pasajes densos, casi asfixiantes, consiguiendo que su música resulte tan brutal cuando pisan el acelerador como cuando deciden hundirse en tempos mucho más pesados. Y todo ello con una contundencia y una seguridad que únicamente se adquieren después de muchos años defendiendo esta música en directo.
A esas alturas de la noche, el cuerpo ya acumulaba unas cuantas horas de castigo, pero los griegos no estaban precisamente por la labor de conceder una tregua. Su actuación fue un auténtico chaparrón de death metal, de ese que te pasa por encima, pone la marcha atrás y vuelve a aplastarte pero te deja con una sonrisa de satisfacción pese al cansancio acumulado. Un cierre a la altura de lo que merecía esta primera jornada, con una banda que justificó sobradamente su condición de cabeza de cartel.

Y con semejante descarga dimos por concluido el primer asalto. Tocaba recoger los bártulos, descansar lo que se pudiera y recuperar fuerzas, porque al día siguiente nos esperaba otra buena ración de metal extremo y, visto lo visto, todavía quedaba mucha leña por repartir. A dormir, que mañana nos acabarán de rematar.
Segundo asalto: Sábado
Cerebral Curse: Una losa de death doom para empezar la jornada
Con tímpanos sandrantes y cervicales resentidas de la jornada anterior, arrancaba el segundo asalto del CastellHell 2026, y los encargados de abrir las hostilidades fueron Cerebral Curse, formación de Tarragona integrada por músicos con una dilatada trayectoria dentro de la escena extrema catalana. Su propuesta bebe directamente del death doom finlandés más primitivo, con ese sonido oscuro, áspero y enfermizo que parece concebido para hacer sufrir a los altavoces.

Y vaya manera de empezar. Una actuación pesada como llevar hormigón en las botas y densa como intentar avanzar arrastrándose por un barrizal. Cerebral Curse no necesitaron recurrir a grandes velocidades para imponer su presencia. Lo suyo fueron los riffs espesos, las cadencias lentas y machaconas y una atmósfera opresiva que parecía ganar peso a medida que avanzaba el concierto. Un death doom de digestión lenta, con las guitarras arrastrando cada nota como si les costara desprenderse de ella y una contundencia que se sentía más en las entrañas que en las piernas.
Después del intenso cierre que nos habían brindado Dead Congregation la noche anterior, los tarraconenses proponían una forma bien distinta de volver a entrar en materia. Aquí tocaba dejarse aplastar poco a poco, acompañar los ritmos con la cabeza y disfrutar de esa suciedad sonora que tanto nos gusta a los aficionados a las vertientes más cavernosas del death metal.
Nada mal para empezar la segunda jornada. Cerebral Curse nos dieron la bienvenida con una buena losa de death doom sobre los hombros.
Nasty Surgeons: Goregrind, sangre y motosierras
Y si Cerebral Curse habían comenzado la jornada hundiéndonos en las profundidades del death doom más espeso, los siguientes en subir al escenario, Nasty Surgeons, llegados desde Burgos, se encargaron de pisar el acelerador hasta el fondo. Tocaba cambiar el ritmo de la tarde con una buena ración de goregrind y deathgrind, de ese que huele a quirófano clandestino, vísceras y carne putrefacta. Toda una declaración de intenciones que los burgaleses llevaron mucho más allá de lo estrictamente musical.

Con sus trajes de pintor salpicados de sangre, Nasty Surgeons montaron una auténtica carnicería sobre el escenario, mientras en el pit volaban motosierras, bastones y hachas de plástico entre el desmadre general. Una buena dosis de brutalidad, sangre y humor macabro, con el personal disfrutando de aquella salvajada al ritmo del goregrind más enfermizo.
El resultado fue un potente concierto, con una buena dosis de cachondeo macabro. Nasty Surgeons consiguieron que la música y el espectáculo fueran de la mano, devolviendo la agitación al público después del pesado arranque de Cerebral Curse. Sangre, vísceras, motosierras de mentira y mucha tralla de verdad. Poco más se puede pedir a una buena sesión de goregrind.
Con sus trajes de pintor salpicados de sangre, Nasty Surgeons montaron una auténtica carnicería sobre el escenario, mientras en el pit volaban motosierras, bastones y hachas de plástico entre el desmadre general. Una buena dosis de brutalidad, sangre y humor macabro, con el personal disfrutando de aquella salvajada al ritmo del goregrind más enfermizo.
Te lo vuelvo a poner aquí, directamente, para que puedas leerlo sin problemas.
Kheos — Una de las grandes sorpresas del CastellHell
Y de nuevo, volantazo y cambio de palo. Después de la carnicería goregrind de Nasty Surgeons, llegaba el turno de Kheos, formación procedente de Lille, Francia, que nos traía una propuesta bastante diferente: symphonic deathcore, con una combinación de breakdowns demoledores, pasajes orquestales y una contundencia que sabe alternar la brutalidad con momentos de mayor carga atmosférica. Los franceses llegaban al CastellHell con Oxymore, su trabajo más reciente, dispuestos a demostrar que también había sitio para las vertientes más modernas del metal extremo.

Y menuda sorpresa nos llevamos. Kheos firmaron uno de los conciertos más impactantes de la jornada, mostrando una compenetración entre sus integrantes realmente destacable. Se les vio seguros, tremendamente metidos en lo que estaban haciendo y con una actitud sobre el escenario que transmitía una confianza absoluta en su propuesta. Actitud, calidad y una ejecución impecable. Kheos demostraron que tienen argumentos de sobra para hacerse un hueco importante dentro de su estilo y que, si mantienen este nivel, habrá que seguirles la pista muy de cerca.
Una de las grandes sorpresas del CastellHell 2026 y un conciertazo memorable. De esos que te hacen llegar sin demasiadas expectativas y marcharte con el nombre de la banda bien grabado en la cabeza. A este paso, mucho futuro tienen por delante los franceses.
Spoiled: Thrashcore contestatario, actitud y mala leche
Después del impactante concierto de Kheos, llegaba el turno de Spoiled, formación italiana procedente de Bolonia que venía dispuesta a poner el punto más contestatario y macarra de la jornada. Lo suyo es un thrashcore directo, acelerado y sin demasiadas contemplaciones, con ese espíritu callejero, reivindicativo y un tanto peleón que inevitablemente nos recordó a Soziedad Alkoholika, aunque también con buenas dosis de crossover y hardcore de la vieja escuela.

Los italianos estuvieron intensos y convincentes, repartiendo riffs afilados, ritmos machacones y actitud. Sin complicaciones innecesarias ni grandes alardes, simplemente una banda que sabe lo que quiere tocar y cómo defenderlo sobre las tablas. Una buena descarga de thrashcore, con suficiente rabia y contundencia para mantener el ambiente bien caliente.
Buen concierto el de Spoiled, que aportaron ese punto más callejero a un cartel que seguía demostrando lo bien que pueden convivir distintas vertientes del metal extremo sobre un mismo escenario.
Terminal Violence: Una apisonadora thrasher en estado de gracia
Y ahora, mucho cuidado, porque estaba a punto de llegar una de las mejores descargas de thrash metal que he podido presenciar en muchos años. Y no lo digo por decir. Los barceloneses Terminal Violence se encuentran, a mi juicio, en un momento de forma absolutamente extraordinario y, hoy por hoy, me parecen una de las bandas de thrash metal más demoledoras que puedes encontrarte sobre un escenario, no ya en nuestro país, sino a nivel internacional. ¿Que exagero? Pues vas a verlos en directo y después me lo cuentas.

Para poner las cosas en perspectiva, hace poco más de un mes estuve viendo a Demolition Hammer, toda una institución del género. He disfrutado varias veces de Municipal Waste, que en directo son una auténtica salvajada, y también he tenido la suerte de ver a los belgas Cyclone, una banda injustamente infravalorada que ofrece uno de los mejores directos de thrash metal que uno puede echarse a la cara. Pues bien, y que nadie se me enfade, en el estado de forma actual de Terminal Violence, todas esas bandas podrían abrirles el concierto perfectamente. Ahí lo dejo. Sé que son palabras mayores, pero es exactamente lo que pienso después de ver lo que estos tipos son capaces de hacer sobre un escenario.
Porque lo de Terminal Violence no es normal. Salen a comérselo absolutamente todo, con una entrega física descomunal, una actitud que parece sacada de los años más salvajes de la Bay Area y una colección de riffs que te deja preguntándote de dónde demonios sacan tanta mala leche. Aquí hay hambre, sudor, velocidad y cinco músicos que parecen competir entre ellos para ver quién es capaz de llevar el concierto un paso más allá.
El vocalista es un puto espectáculo, un torbellino que se adueña del escenario y transmite una energía apabullante. Y qué decir de Edgar, que maneja la guitarra como si fuera un juguete, encadenando riffs y pasajes de una endiablada exigencia con una naturalidad insultante. El trabajo de las guitarras es sencillamente espectacular, pero lo verdaderamente grande es que detrás tienen una sección rítmica que no se queda ni un milímetro en fuera de juego. Un auténtico dream team thrasher, perfectamente engrasado y con una química que se percibe desde el primer minuto.
Su música tiene mucho de la escuela clásica, con ecos de Exodus, Vio-lence, Death Angel, etc, pero sería injusto reducirlos a una suma de influencias. Terminal Violence han sabido recoger lo mejor de aquella época y llevarlo a su terreno, con una personalidad y una agresividad que los alejan de cualquier ejercicio de simple nostalgia. Su thrash es rápido, afilado, tremendamente físico y, por encima de todo, está concebido para el directo.
Y eso fue exactamente lo que hicieron en el CastellHell. Una exhibición de thrash metal de principio a fin, de esas que te obligan a estar pendiente de cada movimiento y que consiguen que el concierto se te pase en un suspiro.
Para mí, uno de los momentos más brutales de todo el CastellHell 2026 y la confirmación de que tenemos delante a una banda que merece estar muchísimo más arriba de lo que está.
Si todavía no los has visto en directo, hazte un favor y ponle remedio.
Vulvectomy: Slam italiano del bueno, pesado y sin contemplaciones
Después de la tremenda descarga de thrash metal de Terminal Violence, llegaba el turno de Vulvectomy, formación romana que lleva desde 2007 repartiendo brutalidad y que representa como pocas la vertiente más salvaje del slam brutal death metal italiano.

Y los italianos estuvieron a un grandísimo nivel. Riffs de una pesadez descomunal, guturales cavernosos, ritmos machacones y unos breakdowns capaces de hacer temblar los cimientos del escenario. Una buena ración de brutalidad sin florituras, alternando aceleraciones salvajes con pasajes lentos y aplastantes que invitaban a mover el cuello hasta dejarlo para el arrastre.
Vulvectomy demostraron que los años no les han restado ni un gramo de contundencia. Una actuación sólida, demoledora y tremendamente disfrutable.
El slam italiano no podría haber estado mejor representado. Otro señor concierto para una jornada que seguía sin bajar el listón.
Vulture: Speed metal a velocidad de vértigo
Y cuando uno pensaba que ya había visto suficiente, aparecieron los alemanes Vulture para dejarnos literalmente con la boca abierta y los ojos como platos. ¡Qué animalada de concierto! Sin ninguna duda, una de las grandes sorpresas del CastellHell 2026 y una de las mejores actuaciones de speed metal que he presenciado en mi vida.
Los de Dortmund ofrecieron una exhibición absolutamente descomunal de velocidad, técnica y actitud. Riffs disparados a velocidades endiabladas, solos ejecutados con una destreza al alcance de muy pocos y una base rítmica que parecía funcionar muy por encima de las revoluciones permitidas. Y todo ello acompañado de un sonido realmente acojonante, con una claridad que permitía apreciar cada instrumento incluso en los momentos de mayor desenfreno.

Pero es que, además de tocar como auténticos demonios, Vulture son puro espectáculo sobre las tablas. La energía que desprendían resultaba agotadora incluso para quienes estábamos mirando. No paraban quietos, se movían de un lado a otro y tocaban con una intensidad que parecía imposible mantener durante todo un concierto. Una combinación de virtuosismo y actitud absolutamente irresistible, con ese espíritu salvaje del speed metal de los ochenta llevado hasta sus últimas consecuencias.
Y cuando parecía que aquello ya no podía ir a más, se marcaron una versión descomunal de «A Lesson in Violence» de Exodus.
Impresionantes Vulture. Un bolazo para enmarcar, de los que tardaremos mucho tiempo en olvidar. Velocidad extrema, un nivel instrumental estratosférico, sonido impecable y una entrega absoluta. Pocas veces se tiene la oportunidad de presenciar un espectáculo de speed metal de semejante calibre.
Benighted: El último ostión y un cierre para recordar
Y llegaba el momento de poner el punto final al CastellHell 2026. ¿Y quién mejor para semejante responsabilidad que los putos amos y señores del brutal death metal? Benighted eran los encargados de rematarnos después de dos jornadas de tralla, y vaya si cumplieron con su cometido.
Yo sabía perfectamente a lo que iba. He visto a los franceses unas cuatro veces y conozco de sobra lo que son capaces de hacer sobre un escenario. Pero es que da exactamente igual cuántas veces los hayas visto o lo preparado que creas estar: Benighted siempre encuentran la manera de meterte un ostión que te deja sin sentido. Y esta vez no iba a ser diferente.

Lo suyo fue una nueva demostración de brutalidad, velocidad y un dominio instrumental que sigue impresionándome concierto tras concierto. Riffs retorcidos, cambios de ritmo constantes, blast beats a velocidades demenciales y una contundencia que apenas permite recuperar el aliento. Todo ejecutado con una seguridad tremenda, algo únicamente al alcance de músicos de semejante calibre.
Y luego está Julien Truchan. ¿Qué demonios se puede decir de este hombre que no se haya dicho ya? Para mí, uno de los vocalistas más técnicos, bestias y enfermizos que existen dentro del metal extremo. Su capacidad para pasar de guturales profundísimos a registros agudos absolutamente desquiciados continúa siendo una puta locura.
Un concierto tremendo, de los que te dejan física y mentalmente agotado, pero con la satisfacción de haber disfrutado de una de las grandes referencias del brutal death metal mundial. Ya puedo pasarme una semana sin escuchar absolutamente nada, que todavía tendré que digerir esta última dosis de tralla que nos metieron los franceses.
Benighted pusieron así el broche a un CastellHell 2026 memorable, dos jornadas que nos dejaron actuaciones de muchísimo nivel, alguna que otra sorpresa mayúscula y bastantes momentos que tardaremos en olvidar.
CastellHell 2026: Un festival al que hay que volver
Y antes de cerrar esta crónica, toca reconocer el trabajo de quienes hacen posible que todo esto suceda. Nuestra más sincera felicitación a la organización del CastellHell Reborns, porque lo que han montado este año ha sido para quitarse el sombrero. Se nota que detrás hay gente con experiencia, que conoce perfectamente las necesidades de las bandas, del público y de quienes acudimos a cubrir el evento.
La organización estuvo a un nivel excelente, con todo funcionando como debía y un ambiente de esos que hacen que uno se sienta a gusto desde que entra hasta que se marcha. Y eso, cuando hablamos de un festival de estas características, tiene muchísimo mérito. También merece un agradecimiento especial el público, por el buen rollo, el respeto y las ganas de disfrutar de la música durante todo el fin de semana.
CastellHell Reborns ha demostrado que se pueden hacer las cosas muy bien, ojalá sigan por este camino, porque este festival tiene todos los ingredientes para convertirse en una cita ineludible del calendario del metal extremo.
¡Grandes CastellHell Reborns!

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