Biografía
La escena del thrash metal argentino despertó con fuerza a mediados de la década de 2000, cuando Tungsteno irrumpió en 2006 para llenar un vacío que el género venía pidiendo a gritos: la necesidad de bandas que combinaran velocidad sin perder peso compositivo, guitarras afiladas pero con intención melódica, y un groove que hiciera mover cabezas en lugar de solo hipnotizar con repetición. En un momento donde el thrash global parecía estancado entre la nostalgia ochentera y experimentos demasiado aventureros, los argentinos trajeron aire fresco con hambre de expresión genuina.
Tungsteno construyó su propuesta a partir de riffs angulosos que recuerdan la tensión de Agressor, pero con una dosis de experimentalismo que evitaba la predictibilidad. En Lobotomía (2017), la banda demostró capacidad para estructurar canciones complejas sin caer en la solemnidad: cada cambio de tempo responde a una lógica narrativa, no a capricho técnico. Los bajos gallopen con propósito, la batería busca espacios entre la claridad y el caos, y las voces rasgadas funcionan como un instrumento más, nunca como adorno.
Con tres discos a cuestas, Manía destructiva (2022) ratifica que la banda sigue relevante sin conformarse con fórmulas desgastadas. Si Inminente aniquilación (2011) sonaba más raw y menos pulido, los trabajos posteriores ganaron en definición sin perder dureza. El problema es que la banda no evoluciona lo suficiente entre entregas: sus últimos discos son buenos thrash metal, competentes y energéticos, pero no generan esa sensación de estar ante algo que importa escuchar más allá del momento. Tungsteno merece atención, aunque sin sobreestimar su alcance real en el género.


