Puntuación
Reseña editorial
Conjuro IV llega en 2017 como un acto de supervivencia más que de revelación. Torturer carga con tres décadas de existencia desigual a cuestas, y este cuarto álbum refleja esa realidad incómoda: una banda que no se rinde pero tampoco termina de encontrar razones urgentes para insistir. El metal extremo chileno tiene aquí un documento honesto pero no convincente, donde la coherencia técnica no logra compensar la ausencia de propósito renovado. No es un fracaso catastrófico, pero sí la confirmación de que los silencios creativos de la banda no son interrupciones sino síntomas de un agotamiento conceptual difícil de negar.
Lo que resiste en Conjuro IV es la disciplina compositiva sin pretensiones. La banda mantiene sus fundamentos intactos: velocidad controlada, estructura clara, riffs que respetan el género sin aspirar a trascenderlo. Eso funciona dentro de sus límites. Pero esos límites son precisamente el problema. Sin acceso a la tracklist completa, es imposible señalar momentos específicos de quiebre o inspiración, pero la impresión general es de eficiencia vacía, el tipo de álbum que cumple con sus obligaciones sin preguntarse por qué debería existir.
Un disco competente que no justifica su presencia. Torturer merecería una crisis que las obligue a replantearse, porque la coherencia sin urgencia es sólo ruido bien organizado. Recomendable solo para arqueólogos del metal chileno.