Puntuación
Reseña editorial
Japón lleva tres décadas produciendo Coffins sin que nadie en Occidente se enterara realmente. Sinister Oath (2024) llega cuando la banda ya ha atravesado casi dos décadas de discografía coherente, desde el death doom crudo de Mortuary in Darkness hasta las capas progresivas que comenzaron con Buried Death. Pero aquí está el problema: a estas alturas, ¿qué tiene que demostrar un colectivo de doom visceral que ya conoce su territorio como la palma de su mano?
Sinister Oath responde con una propuesta que desoye la tendencia de sorprender, sino consolidar. El álbum mantiene la estructura funeral que Coffins perfeccionó en trabajos anteriores: tempo lento, riffs densos, atmósfera sepulcral que recuerda a bandas como Morbosidad en su enfoque más directo del death doom. Lo que funciona aquí es la paciencia compositiva, ese rechazo a la urgencia que muchas bandas extremas confunden con intensidad. Los puntos fuertes radican en la construcción cuidadosa de tensión a través de repetición hipnótica. Si existe una debilidad, es que la banda no parece estar persiguiendo nada fuera de su zona de confort establecida.
La pregunta que queda suspendida es si la consistencia puede ser suficiente razón para seguir escuchando a una banda. Sinister Oath no intenta responderla. Simplemente existe como continuar de una línea que comenzó hace casi dos décadas, compuesta por músicos que aún creen que el doom no necesita reinventarse para mantener su poder oscuro. Quizá tengan razón.