Reseña editorial
BOCC – «Demolarium»: seis maneras de aplastarte sin ninguna prisa
Aquí hablamos de los barceloneses BOCC formados en 2019, estos tres músicos presentan con «Demolarium» su segundo álbum de larga duración, publicado en 2026 a través de Night Terrors Records. Seis composiciones y casi 43 minutos de doom metal y death metal, con importantes dosis de sludge, algún que otro zarpazo de death metal más tradicional y una crudeza que parece adherirse a todo lo que tocan.
El trío está formado por Emilio Casal, guitarra y voz; Andreu Cano, bajo y voz; y Sergio Linares, batería. Y ya os adelanto que lo que son capaces de conseguir únicamente entre tres músicos tiene muchísimo mérito. Por cierto, también tuvimos ocasión de verlos recientemente en directo durante el CastellHell 2026, donde dejaron bien claro que su propuesta funciona de maravilla encima de un escenario, aunque si hubiese habido mejor sonido la cosa habría sido mucho mejor.
Antes de poner el disco, merece la pena detenerse en su portada, obra de Narcís Boter, con diseño de Terror Matt. Una ilustración realmente perturbadora, inspirada en el Infierno de Dante, que presenta una criatura monstruosa encargada de castigar a las almas condenadas. Y aquí sí que podemos decir que una imagen vale más que mil palabras. El artista ha conseguido plasmar una visión de tormento, deformidad y condena que encaja perfectamente con lo que encontraremos dentro. No parece una criatura que vaya a perseguirte corriendo; más bien tiene toda la eternidad por delante y sabe perfectamente que, tarde o temprano, acabarás llegando hasta ella. Una portada magnífica que consigue transmitir la misma sensación de desamparo que desprende la música.
También hay que destacar el trabajo realizado en Heartwork Recording Studio, en El Prat de Llobregat, donde el álbum fue grabado en diciembre de 2025. La producción corrió a cargo de BOCC y Gerard Porqueres, quien también se encargó de la grabación, mezcla y masterización. Y aquí hay un detalle fundamental: buena parte del material fue registrado con los tres músicos tocando juntos, prácticamente en directo y sin metrónomo. Esto se percibe en el resultado. Hay una naturalidad en los tempos, en la manera en que los instrumentos se empujan unos a otros, que difícilmente conseguirías montando todas las piezas por separado sobre una cuadrícula. El sonido es grueso, áspero y tremendamente orgánico, pero sin perder definición. El bajo ocupa muchísimo espacio, la guitarra conserva todo su carácter y cada golpe de batería tiene un peso considerable. Una producción que no pretende maquillar las imperfecciones propias de una interpretación humana, sino aprovecharlas para darle todavía más personalidad al conjunto.
Cuando la lentitud se convierte en una forma de violencia
«Demolarium» da inicio a esta obra. Entra el bajo, al poco se incorpora la guitarra y después la batería, hasta que dejan unos segundos sola a la guitarra para que nos demos cuenta de cuál va a ser el riff principal. Pura densidad desde el primer momento, aunque con cierto ritmo, el suficiente para menear la cabeza afirmativamente, pero despacio, que aquí las prisas no están invitadas.
El tema va creciendo poco a poco en intensidad. Por momentos aparece algo de velocidad, poca, la justa para recordar que detrás de tanta pesadez hay una banda capaz de hacer bastante más ruido del que inicialmente parece. Una voz gutural, profunda y tremendamente apropiada para el conjunto, termina de completar la escena. La batería golpea con precisión y peso, haciéndose notar en todo momento, mientras las cuerdas van levantando una especie de muro de hormigón que avanza lentamente hacia nosotros. Y no se detiene. Después de casi ocho minutos, la composición comienza a desacelerar de una forma prácticamente funeraria hasta terminar extinguiéndose. Una magnífica carta de presentación.
Vamos ahora con «Estigma», que si el anterior ya era un tema largo, este nos va a llevar nada menos que nueve minutos y treinta y nueve segundos recorrerlo entero. Y es aquí donde los barceloneses terminan de mostrar sus credenciales.
Este trío practica un doom puro y duro. Guitarras graves y disonantes, ritmos pesados, oscuridad, lentitud y una atmósfera verdaderamente asfixiante. Pero lo importante es que te atrapan. Porque una cosa es tocar despacio y otra muy distinta conseguir que esa lentitud tenga sentido, que cada nota contribuya a construir algo y que no termines mirando el reloj esperando que suceda alguna cosa.
Y aquí no solo sucede, sino que disfrutas cada minuto.
«Estigma» me ha recordado muchísimo a uno de los discos de este estilo que me compré allá por 1991. Estoy hablando de «Forest of Equilibrium», de los británicos Cathedral. Casi nada. Una auténtica joya del género que todavía hoy continúa siendo una referencia imprescindible cuando hablamos de doom metal. Evidentemente, no estoy diciendo que BOCC sean una copia de Cathedral, ni mucho menos. Hablo de esa manera de concebir la pesadez, de retorcer las guitarras y permitir que los riffs respiren dentro de estructuras que parecen desafiar cualquier necesidad de velocidad.
Y ojo, que de verdad son buenísimos. Estamos hablando de un tema de casi diez minutos, de doom lento y opresivo, y cuando termina te das cuenta de que quieres más. Eso, amigos, tiene bastante mérito.
En el terreno lírico, «Estigma» se mueve alrededor de las marcas que deja el sufrimiento, de heridas que no siempre son visibles y que pueden acompañar a una persona durante toda su existencia. BOCC no necesitan recurrir constantemente a criaturas sobrenaturales para encontrar motivos de horror. A veces basta con observar la realidad y comprobar hasta qué punto podemos convertirnos en verdugos de nuestros semejantes.
«Escorxador» empieza con un riff descuartizador, como si alguien hubiera decidido arrancar el motor de una vieja máquina industrial después de décadas de abandono. La batería sigue teniendo una presencia imponente, con un golpeo lento pero contundente, mientras el bajo lo rasga todo, te despelleja y termina dejando los huesos prácticamente al descubierto.
Los cambios de ritmo son pocos, pero efectivos. Aquí no hay movimientos innecesarios ni ganas de demostrar nada a base de complicaciones. Todo está colocado donde debe estar y, en general, suena genial. BOCC consiguen que tres instrumentos funcionen como un solo bloque, avanzando con una pesadez verdaderamente difícil de describir sin recurrir a comparaciones con maquinaria de varias toneladas.
Curiosamente, la letra de «Escorxador» está inspirada en la novela homónima de Lluís Riera Porta, una obra cuya crudeza y desesperación impresionaron especialmente a Emilio Casal. Y la música parece hecha expresamente para acompañar ese universo, con una violencia que no necesita grandes aceleraciones para resultar incómoda.
Aquí el álbum empieza a hacer honor a su nombre y tú ya estás demolido, sentado con la cabeza gacha, pero sin ninguna intención de quitarte los cascos. Al contrario, te apetece que te aplasten del todo. Quieres más. Un tupa-tupa de batería que se va desvaneciendo termina cerrando el tema y es precisamente aquí cuando ya puedo afirmar que estamos ante una obra importante, imponente y muy trabajada. Estamos prácticamente en la mitad del disco y tengo clarísimo que la nota va a ser alta.
Hay condenas que no necesitan cadenas
«4227» arranca con la batería marcando el tempo a modo de desfile fúnebre. Al poco se incorporan el bajo y la guitarra, gravemente, y lenta, muy lentamente, van sumiéndote en un pozo del que parece que no vas a poder salir.
Muy destacable aquí la labor vocal tanto de Emilio como de Andreu. No pueden hacerlo mejor. Son jodidamente tétricas, graves y opresoras, y encajan de maravilla con unas composiciones que parecen escritas para arrastrarse por los rincones menos transitados de la condición humana.
Hasta los solos de guitarra resultan retorcidamente preocupantes. No buscan deslumbrarte con una sucesión de notas imposibles, sino introducir nuevas sensaciones de inquietud, como si alguien estuviera doblando lentamente una barra de hierro hasta hacerla crujir.
Una auténtica clase magistral de doom. Y en este tema sí podemos añadir el término death/doom con todavía más criterio, porque aparecen cambios de ritmo que por momentos desembocan en pasajes de puro death metal. Poquitos, pero los hay, y están muy bien puestos.
Pero hay algo detrás de «4227» que merece una explicación, porque su título no es una cifra escogida al azar. Hace referencia a los 4.227 suicidios registrados en España durante 2021. La composición, inspirada en un trabajo de la filósofa catalana Laura Llevadot, cuenta la historia de una joven que termina quitándose la vida, incapaz de soportar el sufrimiento y las presiones de su entorno. Y aquí la pesadez adquiere un significado distinto. Ya no estamos simplemente ante una atmósfera lúgubre por cuestiones estéticas, sino frente a una música que acompaña una historia profundamente dolorosa, vinculada a las condiciones sociales que pueden llevar a una persona a una situación desesperada.
«Plou sobre terra mullada», es decir, llueve sobre mojado. Y así transcurre el tema, con los pies metidos en el fango, arrastrándose durante más de nueve minutos, con esa sensación de que cada intento de levantarse termina encontrando un nuevo peso sobre los hombros.
Si te gusta el doom de verdad, este álbum te lo vas a pinchar más veces de las que crees.
«Calvari (dels condemnats)» comienza con un riff que me ha recordado a los Entombed de la época más cercana al death'n'roll. Y sí, aquí encontramos posiblemente uno de los temas más próximos al death metal desde que comenzó el álbum. Un death a medio tiempo, lento, con riffs que tienen bastante más movilidad y algunos momentos perfectos para el headbanging.
La banda introduce una nueva manera de repartir contundencia sin abandonar el sonido que ha construido durante todo el trabajo. Es una de las composiciones más diferentes respecto al resto del álbum, aunque poco a poco termina regresando a ese terreno pantanoso al que ya nos tienen acostumbrados.
La temática gira alrededor del sistema penitenciario, de la condena y de la deshumanización que puede sufrir quien queda atrapado entre sus muros. Una historia de encierro y castigo que conecta muy bien con la portada y con la sensación de fatalidad que impregna todo «Demolarium».
«Ànima d’Acer»: el último golpe de martillo
«Ànima d’Acer» cierra este pantanoso trabajo como una recopilación de buena parte de los recursos que BOCC han ido dejando a lo largo, ancho y profundo del álbum. Disonancias, gravedad, una batería que continúa golpeando sin contemplaciones, un bajo que parece tener las cuerdas fabricadas con alambre industrial y unas voces cavernosas que terminan de darle forma a este último tramo.
Pero la canción esconde una historia especialmente macabra, y esta vez real. Según ha explicado la propia banda, «Ànima d’Acer» está inspirada en un trabajador de una fundición que cae accidentalmente en acero fundido y acaba, en un sentido macabro, formando parte del propio material. Una imagen espantosa que BOCC utilizan para abordar la explotación laboral y la deshumanización del individuo, reducido finalmente a un elemento más de la maquinaria productiva.
Y de repente el título, Alma de acero, adquiere un significado mucho más siniestro.
Musicalmente, la composición funciona como un cierre perfecto porque recoge esa combinación de pesadez, agresividad y crudeza que ha definido los cinco temas anteriores. Aquí no hay despedidas grandilocuentes, ni una última melodía destinada a dejarnos con una sonrisa de satisfacción. Hay riffs que golpean, voces que parecen rechinar contra las paredes y la sensación de haber recorrido un lugar del que no resulta agradable salir, pero al que sabes que terminarás regresando.
Cuando llega el final, el disco te devuelve al mundo real sin demasiadas ceremonias. Te quitas los auriculares, vuelves a escuchar los sonidos habituales de tu alrededor y tardas unos segundos en acostumbrarte a que todo parezca tan ligero. Después de lo que acaba de pasar por tus oídos, hasta el silencio parece haber perdido unos cuantos kilos.
Y, sin embargo, te quedas con ganas de volver a empezar.
BOCC: la pesadez tiene nombre propio
«Demolarium» es uno de esos trabajos que te recuerdan por qué el doom metal, cuando está bien hecho, puede resultar tan apasionante como cualquier otra manifestación del metal extremo. Aquí no hacen falta exhibiciones técnicas interminables, producciones de laboratorio ni una velocidad constante para mantener al oyente atrapado. Bastan unas buenas composiciones, un sonido con personalidad y tres músicos que saben perfectamente cómo hacer funcionar sus instrumentos.
Me ha gustado especialmente la presencia del bajo de Andreu Cano y el papel que desempeña dentro del conjunto. No se limita a seguir discretamente las guitarras, sino que contribuye a levantar esa pared de graves sobre la que se apoya buena parte del álbum. La batería de Sergio Linares es otro de los grandes aciertos: su manera de marcar los tiempos, de dejar espacio entre golpe y golpe y de introducir cambios cuando la música realmente los necesita aporta una solidez extraordinaria. Y Emilio Casal consigue que una sola guitarra sea más que suficiente para construir todo ese entramado de riffs densos, disonancias y momentos de auténtico Doom.
A eso hay que sumar unas voces que parecen diseñadas expresamente para este tipo de música y una producción que mantiene intacta la sensación de estar escuchando a tres músicos tocando juntos.
Además, me parece importante destacar que BOCC han decidido utilizar el catalán para desarrollar unas letras que esta vez se alejan en buena medida del horror fantástico y se adentran en conflictos bastante más cercanos. La opresión, las desigualdades sociales, la muerte, las cárceles o las condiciones laborales aparecen como algunas de las grandes preocupaciones de un trabajo que tiene bastante más que decir de lo que inicialmente podría parecer. El auténtico horror no siempre necesita monstruos, aunque la magnífica portada de Narcís Boter nos presente uno de dimensiones considerables.
Y vuelvo por un momento a «Forest of Equilibrium», porque esa sensación que experimenté escuchando a Cathedral hace tantísimos años ha vuelto a aparecer con «Demolarium». No hablo de nostalgia ni de buscar desesperadamente parecidos con los discos que marcaron nuestra juventud, sino de encontrar una banda capaz de hacer que una música deliberadamente lenta y pesada resulte tremendamente adictiva. Que un riff pueda repetirse, cambiar apenas unos matices y seguir manteniéndote completamente pendiente de lo que sucede es algo que no está al alcance de cualquiera.
BOCC lo consiguen, y de qué manera.
Seis temas, casi 43 minutos y una sensación final de haber asistido a una demostración de cómo hacer death/doom con personalidad, convicción y muchísimo oficio. Para mí, estamos ante un disco sobresaliente, de esos que crecen con las escuchas y que terminan ocupando un sitio destacado entre tus preferencias. Un paso adelante respecto a «Dolça mort en els llims del Rec Comtal» que consolida a los barceloneses como una formación a tener muy en cuenta dentro del género.
Y lo mejor de todo es que no necesitan ir deprisa para dejarte completamente hecho polvo.
«Demolarium» es una monumental demostración de cómo la lentitud puede convertirse en la forma más contundente de agresión musical. BOCC han construido un álbum oscuro, opresivo y extraordinariamente trabajado, donde cada riff tiene el peso de una condena y cada golpe de batería parece acercarte un poco más al fondo. Un trabajo imprescindible para quienes disfrutan del doom sin concesiones. Aquí no hay caída libre: te hundes despacio, sintiendo cada metro del descenso. Y lo más preocupante es que quieres repetir.
Tracklist
- 1Demolarium
- 2Estigma
- 3Escorxador
- 44227
- 5Calvari (Dels Condemnats)
- 6Ànima D’Acer
Formación
- Sergio LinaresBatería
- Emilio CasalGuitarra, Voz
- Andreu CanoBajo, Voz
- Gerard PorqueresGrabación, Mezcla, Masterización
- Narcís BoterIlustración
- Terror MattCover layout
- CVSPEInsert layout
En este álbum
- Tipoálbum de estudio · 2026 · lanzado este año
- BandaBocc · España · formada en 2019
- SelloNight Terrors Records
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Discografía de Bocc
2.º de 2Lanzamientos que tenemos catalogados de esta banda. Si echas en falta alguno, repórtalo aquí.
- 2022Dolça mort en els llims del Rec ComtalLP
- 2026▸ DemolariumLP
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