Rob Halford cumple hoy 75 años. Nació el 25 de agosto de 1951 en Sutton Coldfield y se crió en Walsall, en pleno corazón industrial de las Midlands inglesas, la misma zona de la que salieron Black Sabbath. Medio siglo después sigue de gira, sigue grabando y sigue siendo la referencia contra la que se mide cualquier vocalista de heavy metal.
No es una efeméride de cortesía. Buena parte de lo que hoy damos por sentado en el metal —cómo suena una voz, cómo se viste una banda, qué se espera de un directo— pasa por decisiones que tomó este hombre entre 1973 y 1990.
De Walsall a Judas Priest

Antes de entrar en Judas Priest en 1973, Halford había trabajado en una tienda de ropa masculina y como asistente de iluminación en un teatro. Llegó a la banda por recomendación de su hermana, que salía con el bajista Ian Hill, y sustituyó al vocalista original, Al Atkins.
Su debut discográfico, "Rocka Rolla" (1974), no anticipa gran cosa: producción pobre y una banda que todavía sonaba a rock duro de los 70. La transformación llega con "Sad Wings of Destiny" (1976), un disco que hoy se considera uno de los actos fundacionales del heavy metal como género propio, separado del blues rock del que venía. Cumplió medio siglo el año pasado y se reeditó con ediciones especiales.
El cuero, las tachuelas y la moto

Hacia 1978, coincidiendo con "Killing Machine", Halford aparece vestido de cuero negro, tachuelas y gorra de plato. La banda entera adoptó el look, y de ahí pasó al género entero.
Lo que casi nadie sabía entonces —y él contó décadas después— es de dónde venía esa estética: de la subcultura de cuero gay londinense, de tiendas del Soho a las que iba a comprar. El uniforme más reconocible del heavy metal, el que copiaron miles de bandas que presumían de masculinidad inquebrantable, salió de ahí. Es una de las ironías más grandes de la historia del género.
La Harley-Davidson subida al escenario llegó poco después y se quedó para siempre. Sigue entrando con ella.
La voz

Lo que separa a Halford del resto no es solo el rango, que es enorme, sino el control. Puede pasar de un registro grave y contenido a un chillido en falsete sostenido sin que se note la costura, y lo hace como recurso dramático, no como demostración.
La escalada está documentada disco a disco: "Stained Class" (1978), "British Steel" (1980) —donde aparece "Metal Gods", el tema del que salió su apodo—, "Screaming for Vengeance" (1982) y "Defenders of the Faith" (1984).
El techo llega en 1990 con "Painkiller". Halford tenía 39 años cuando grabó ese disco, y el tema que le da título abre con una interpretación vocal que treinta y cinco años después sigue siendo el listón para cualquiera que se plantee cantar metal. Es también el disco donde Judas Priest respondió al thrash acelerando por encima de él.
Aquellos años no fueron solo música. En 1990 la banda se sentó en un tribunal de Nevada acusada de inducir al suicidio a dos jóvenes mediante supuestos mensajes ocultos en "Stained Class". El caso se desestimó, pero marcó a la banda; lo contamos en el juicio contra Judas Priest por los mensajes subliminales.
La marcha, los años de travesía y el regreso
En 1992 Halford deja Judas Priest, y la separación acaba en los tribunales. Los años siguientes son los más inquietos de su carrera: monta Fight, con el que publica "War of Words" (1993) en un terreno cercano al thrash; después Two, un proyecto industrial producido por Trent Reznor que desconcertó a casi todo el mundo; y finalmente Halford, con el que vuelve al metal clásico en "Resurrection" (2000).
Mientras tanto, Judas Priest siguió con Tim "Ripper" Owens en "Jugulator" (1997) y "Demolition" (2001). El reencuentro llega en 2003 y se materializa en "Angel of Retribution" (2005).
1998: la confesión
En febrero de 1998, en una entrevista con MTV, Halford dijo en público que era gay. Llevaba veinticinco años sobre los escenarios y era, con diferencia, la figura más importante del heavy metal en salir del armario.
Conviene medir lo que eso significaba entonces. El metal de los 80 y los 90 era un territorio con una idea muy estrecha de la masculinidad, y él era literalmente el Metal God, el hombre que había definido su imagen. La reacción del público fue mucho mejor de lo que él mismo temía, y con el tiempo se convirtió en una de las razones por las que el género es hoy un sitio bastante menos hostil de lo que era. Lo contó todo, sin adornos, en su autobiografía Confess (2020), donde también habla de su alcoholismo y de su sobriedad ininterrumpida desde enero de 1986.
75 años y sin bajarse del escenario

Judas Priest entró en el Rock and Roll Hall of Fame en 2022 y en 2024 publicó "Invincible Shield", un disco que no suena a despedida ni a trámite. Halford ha superado además un cáncer de próstata, diagnosticado en 2020 y del que habló abiertamente.
Este mismo año la banda ha pasado por España: anunciaron dos conciertos en Pamplona y Valencia y de la cita navarra salió una noche de metal puro. Quien haya estado sabe que la voz ya no llega donde llegaba en 1990. Tampoco hace falta: llega donde tiene que llegar, y el resto lo pone cincuenta años de oficio.
Felices 75, Metal God.
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